
He descubierto que soy adicta a ti, una niña hambrienta de tu cariño y de tu alegría.
Deseosa de tus caricias y de la pasión con la que me miras en mis fantasías.
Amor, eso fue lo único que ofrecí en el intercambio de corazón, el mas puro amor, lo suficientemente fuerte como para soportar el tiempo, lo inmensamente grande que puede con esta distancia que hay entre tu cuerpo y el mío.
Te odio, hay veces que suelo odiarte no por tus defectos, sino por la forma en que me conoces, el efecto que causa tu voz sobre mi, dominas mis sentidos, atrofias mis temores, me abrazas con tu risa y todo se me olvida.
Detesto extrañarte y no quiero olvidarte, adoro el saberme tuya, tu mujer, tu niña, tu maestra, tu aprendiz, tu principio, tu final, tu alegría, tu tristeza, tu furia, tu calma, tu deseo, tu pasión, tu temor, tu orgullo, tu odio, pero sobre todo tu amor.
Esa sensación de seguridad ciega que me incita a tragarme tus palabras de la manera mas dulce que puede haber, aun siendo amargo el sabor.
Tu retumbas en cada rincón de mi cuerpo, en cada poro de mi piel esta la idea de ti y ¿El latido de mi corazón? Es un desastre desde que llegaste a mí.
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